2009 / 2010
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  Gustavo
Gorriti
 
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ENTREVISTA
 
 
     
 
 
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DEL PERIODISTA ES CON LA GENTE, CON EL PUEBLO

Entrevista con Gustavo Gorriti
Por Fernando Lozano*

Cuando conversa, las palabras de Gustavo Gorriti brotan más bien como si fueran textos escritos con tiempo y tranquilidad. Busca la palabra exacta, el adjetivo preciso y encuentra los momentos adecuados para hacer los énfasis que le dan tensión a su relato. Cada tanto respira hondo, y deja entrever las reflexiones y los marcados recuerdos que surgen luego de 30 años dedicado al periodismo. En esta entrevista, Gustavo Gorriti habla sobre sus inicios, sus batallas en el periodismo y los retos del oficio para el futuro.

  Usted no es un periodista salido de las aulas. ¿Dónde aprendió el oficio?
De dos maneras. Las técnicas, la ‘carpintería’, en Caretas. Allí me formé como periodista para todo propósito práctico. Empecé trabajar como reportero en 1981. Ahora bien, lo que es una buena parte de lo que constituye el oficio de periodista lo aprendí en la vida; es decir: escribir, leer vorazmente, desde que tenía 7 u 8 años en el campo, tratar de aproximarme a los grandes escritores que leía y que me fascinaban, o aquellos ensayos detrás de los cuales uno sentía todo el peso del pensamiento redondo, bien hecho. Entonces sentía que lo que más deseaba hacer era escribir. Fui haciéndolo para mí, publicando colaboraciones de vez en cuando desde los 8 años. Tuve que hacer luego muchas otras cosas en la vida, pero hacer aquello que era escribir, lo tuve muy claro desde muy temprano.

¿Cuándo decide incursionar en el periodismo?
Yo nací en Lima, pero muy temprano, apenas al año, mis padres me llevaron al campo, a Caravelí, Arequipa (sur del Perú), donde estaban iniciando una empresa pionera de irrigación. Crecí en ese desierto que lograron convertir en una de las mejores zonas olivícolas del país. Había estudiado dos años de Letras y uno de Filosofía en San Marcos e Israel. Cuando fui grande, regresé. La reforma agraria, una especie de fiebre confiscatoria que barría con la pequeña y mediana propiedad del agro, amenazaba con llevarse todo aquel enorme esfuerzo y sacrificio. Vine a ayudar, pensé que me iba a quedar dos o tres años, pero fue bastante más, nueve o diez. Por fortuna hubo éxito en esa lucha, pero ya había pasado los 30 años en eso, y decidí que había llegado el momento de buscar lo que yo deseaba profundamente. Entonces vine a Lima con muy pocos ahorros para ver lo que podía hacer. Cuando el dinero se agotaba y necesitaba ya indefectiblemente encontrar trabajo, fui al único sitio en el que pensaba que podía trabajar sintiéndome bien, y ese era Caretas, fue un ‘todo o nada’, y menos mal que salió bien.

¿Cómo fue empezar a hacer periodismo a los 33 años?
Cuando llegué allí, era un desconocido para todos, y Enrique Zileri (ahora Presidente del Directorio de la publicación) creo que decidió contratarme más por ver en mi currículum que yo había sido seis veces campeón nacional de Judo. Él era muy deportista también, muy vital, parece que eso le gustó y me puso a prueba. Las redacciones son siempre lugares complicados para los principiantes, sobre todo para uno de 33 años. Muy poco después me pidieron que fuera a cubrir alguna comisión de la entonces incipiente insurrección de Sendero Luminoso en Ayacucho. Desde el comienzo sentí muy claro que se trataba de darle la multidimensionalidad a los hechos, poner al lector en ese mundo, tratar de hacer que estuviera conmigo mientras veía lo que pasaba, a la vez de ayudarlo a comprender que había detrás de lo que estaba viendo. Nadie me tuvo que decir eso, fue una comprensión intuitiva básica, parte del hecho, me imagino, de haber leído mucho.

Eso que, a veces, cuando uno pasa por la universidad, no necesariamente lo adquiere…
Exacto. Luego de algunos años me ha tocado contratar a muchos periodistas que salen de las universidades. Pierden mucho tiempo enseñándoles la ‘carpintería’ del oficio, que además cambia mucho, pero no les enseñan lo fundamental. No tienen la avidez de leer, algo que tiene que venir desde el hogar. Lo principal es hacerlos leer, hacerlos aprender a través de los grandes maestros, y estos están en los libros. Luego tienen que enseñarles a mirar, a saber a relatar hechos, contar historias bien, compararse con los grandes desde el comienzo. Pero les enseñan géneros, un poco de aquí, un poco de allá, y salen verdaderamente formaciones limitadísimas, uno siente con frecuencia que tiene que hacerlos desaprender y reaprender el oficio.

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