2009 / 2010
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  Historia humana de
una bala
 
AUTOR: Juan Andrés Valencia
MEDIO: SoHo
PAÍS: Colombia
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COMENTARIO DEL JURADO
MEMORIA DE JUZGAMIENTO
  JUAN ANDRÉS VALENCIA

Siempre supe que quería estudiar periodismo. Desde muy temprano mis padres me inculcaron el hábito de la lectura y durante mi primaria en el Colegio Bolívar de Cali me destaqué por mis escritos en las clases de español.

  Luego descubrí que el papel periódico no era un asunto exclusivo de los adultos cuando me di cuenta que el olor de la tinta impresa ejercía un magnetismo que invitaba a leerla. Para ese entonces ya me devoraba las secciones deportivas y recortaba las columnas de opinión que me llamaban la atención. Siguiendo mi vocación, en 2001 me matriculé en la carrera de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Autónoma de Occidente. Semestre tras semestre fui puliendo mis habilidades al mismo tiempo que aprendía la diferencia entre una noticia, un reportaje y un informe especial. Pero fue leyendo textos en revistas como SoHo y Gatopardo que me di cuenta del particular encanto de la crónica.

Cuando llegué a la mitad de la carrera ya tenía una certeza: quería trabajar en una revista con una periodicidad mensual que me permitiera el tiempo suficiente para investigar y escribir artículos más allá de la inmediatez de la coyuntura. Pero también tenía incertidumbres: ¿Cuál sería el medio ideal para lograrlo? Todavía me faltaban seis semestres para graduarme y ese tiempo me sirvió para aproximarme al mundo editorial: empecé a escribir en un magazín cultural de mi ciudad, aprendí cómo se hace un periódico por medio del diario de mi universidad y también me abrí camino en dos publicaciones comunitarias, logrando mis primeras experiencias como entrevistador.

Casi finalizando la carrera decidí irme a Buenos Aires, Argentina, a un intercambio académico en la Universidad de Belgrano. Allá no solo amplié mi panorama al tomar clases como periodismo económico, político, deportivo y cultural, sino que también tuve profesores valiosos como Daniel Muchnik, en ese entonces editor del diario El Clarín, y María Teresa Forero, una argentina encantadora que no solo había sido alumna de Jorge Luís Borges sino que también era experta de su obra. Al regresar a Cali y con la necesidad de buscar una práctica profesional apliqué a Semana, la única revista que me llamaba la atención en ese momento. Mientras esperaba su respuesta se me presentó la posibilidad de trabajar en SoHo, propuesta que me pareció ideal mientras se concretaba mi pasantía. Así fue que viajé a Bogotá y me inicié en el mundo de la producción periodística.

Las funciones que desarrollé como productor periodístico fueron determinantes en mi formación, ya que en ese cargo tuve la oportunidad de acercarme a grandes firmas y verlos trabajar de cerca. Nunca olvidaré que allí conocí y aprendí de los modos de Marta Orrantia, Alberto Salcedo y Fernando Quiroz, solo para dar tres nombres. Me volví recursivo a la hora de planear la hoja de ruta para una investigación, conocí las formas en que un periodista trabaja sincronizadamente con el fotógrafo para lograr una unidad de criterios, y entendí que una buena crónica solo se logra con organización y trabajo en equipo. Mientras tanto Gustavo Gómez, mi primer editor, me encargaba artículos para apoyar a la redacción.

Mientras todo esto sucedía Mauricio Sáenz, jefe de redacción de Semana, me dijo que quería contar conmigo para la pasantía, oferta que rechacé para quedarme en SoHo, donde me sentía muy a gusto. Al poco tiempo me contrataron y en diciembre Daniel Samper me encargó el primer artículo: quería que me infiltrara en el mundo de la lucha libre para comprobar si ese deporte era un montaje o era real. El resultado de esta crónica de suplantación, tras dos meses de inmersión que incluyeron una completa preparación física y una pelea ante 5.000 espectadores donde todos creían que yo era profesional, fue un premio nacional de periodismo Simón Bolívar en el año de 2007 en la categoría “Mejor trabajo revelación en prensa”. Gracias a esto me afiancé en el cargo de redactor, dejando a un lado el de producción periodística.

El premio me abrió las puertas para escribir textos como colaborador en otros medios. El País de Cali y la revista El Clavo empezaron a pedirme columnas de opinión y en SoHo seguí escribiendo desde artículos de humor hasta testimoniales, por medio de la fórmula del ghost writer. También empecé a escribir en Semana, donde entre otros artículos ayudé a desarrollar un informe especial sobre la Copa América de 2007 que finalmente fue declarado como fuera de concurso en la categoría "Mejor trabajo deportivo en prensa" de los premios Simón Bolívar de 2008.

Mi segunda crónica es esta que se adjunta para concursar en los premios CEMEX+FNPI. Se trata de mi primer contacto con el subgénero del seguimiento, por medio del cual hice la estricta persecución a una bala, desde el momento inicial en que es fabricada hasta el instante final en que es disparada, pasando por distintas situaciones como su transporte terrestre antes de ser usada por algún soldado en otro punto de la geografía nacional. Evidentemente son muchas maños las que intervienen en cada uno de estos momentos, razón por la cual cambió el enfoque del artículo, que se puede inferir del título. Con "Historia humana de una bala" quedan al descubierto todas las personas que, directa e indirectamente, tuvieron que ver con ella hasta ser disparada.

Luego de tres años de trabajar en SoHo mi ciclo terminó para que comenzara otro en la revista Cromos, donde trabajé hasta hace poco y donde aprendí el arte de escribir perfiles. Ahora estoy en una nueva etapa de mi carrera periodística como freelance, situación que he podido explotar al máximo hasta la fecha, ampliando mi panorama y volviéndome mucho más versátil: artículos de mi autoría y de todo tipo se pueden encontrar en las revistas Semana, Cromos, DONJUAN, Playboy y Bacánika (una publicación para universitarios que edita Colsanitas) y el diario El Espectador. En esas estoy actualmente y claro, también sigo buscando historias con un enfoque original que sirvan para contar realidades sin que la coyuntura les pase por encima.