2009 / 2010
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  Historia humana de
una bala
 
AUTOR: Juan Andrés Valencia
MEDIO: SoHo
PAÍS: Colombia
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COMENTARIO DEL JURADO
MEMORIA DE JUZGAMIENTO
  Mucho se ha escrito sobre el conflicto armado colombiano: desde las noticias diarias que hablan sobre las batallas que se libran diariamente hasta los análisis de los columnistas de opinión. Para nadie es un secreto que la guerra es materia prima del periodismo nacional. También es cierto que a veces surgen historias con un enfoque original que sirven para entender las entretelas del conflicto. Por eso cuando a Daniel Samper se le ocurrió la idea de cubrir la guerra en Colombia a partir de alguno de sus elementos más básicos, esta crónica empezó a marchar.

  Para bien o para mal, las balas son las invitadas indeseables en Colombia. Con ellas los soldados tratan de mantener el orden y combaten a los grupos subversivos, y son ellas las causantes directas del derramamiento de sangre. Muchos podrán decir, con razón, que son un mal necesario. Otros dirán, también con razón, que las balas sobran y que la paz hay que buscarla con políticas sociales de gran impacto. Lo cierto es que ellas son testigos mudos de cómo funciona el conflicto en nuestra patria.

Con estas consideraciones se decidió que la mejor forma de cubrirlo desde una perspectiva general era haciendo un estricto seguimiento a una bala en particular. Con la autorización de Ministerio de Defensa visité la fábrica que Indumil tiene en Soacha, donde se produce el material bélico que las Fuerzas Militares usa en el país. Después escogimos un fleje (dedal de cobre y zinc importado) y vimos cómo se transformó en una bala. Luego del control de calidad, el empaquetamiento y el transporte hacia el Cantón Norte de Bogotá, lugar de donde se despacha todo el material al resto de los batallones, pasamos a la segunda etapa, que era seguir por tierra durante más de 24 horas al destacamento que llevaría las municiones hasta Medellín y Rionegro.

Durante este ejercicio periodístico me di cuenta que son muchas las personas que tienen que ver con todo el proceso: los fabricantes que las producen, los soldados que las escoltan, los choferes que las transportan y los otros seres humanos que directa e indirectamente se cruzan en esa logística bélica, como el niño que se sujetó de un camión sin saber que llevaba más de 5 toneladas de balas, hasta los soldados que las recibieron y las cargaron en Rionegro y salieron a un patrullaje de rutina, ignorando todo lo que tuvo que pasar para que esas balas llegaran a sus fusiles y sin saber si esa misma bala terminaría disparada contra un guerrillero.

Así las cosas, por medio de esta crónica se pudo lograr el retrato de una bala, que para efectos prácticos viene siendo como una parábola periodística y fotográfica sobre la vida y la muerte en Colombia, evidenciándose la psicología del conflicto y donde los pequeños perfiles escogidos dan cuenta sobre todas las historias humanas que se entrecruzan en un procedimiento que tiene como destino final la baja de otro ser humano.