2009 / 2010
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  Morir por Pemex.
Tragedia
en la Sonda
de Campenche
 
AUTOR: Emiliano Ruiz Parra
MEDIO: Reforma
PAÍS: México
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COMENTARIO DEL JURADO
MEMORIA DE JUZGAMIENTO
  EMILIANO RUIZ PARRA

Para algunos periodistas la preocupación esencial son los datos, y el medio por el que éstos se transmitan resulta circunstancial. La televisión no sólo es más eficaz que la prensa, dicen, sino más poderosa, porque le basta una imagen y una fracción de segundo para describir lo que ocurre.

  El auge del periodismo multimedia, que precariza el trabajo del reportero y lo lleva a maquilar noticias para radio, televisión, internet y prensa, se apoya en esta justificación, aderezada con la presunción de que a los lectores ya no les interesa leer o sólo leen balazos y breves en su teléfono móvil. Y así el círculo vicioso está listo: al asumir que sus lectores no quieren leer, estos periodistas convierten sus notas en meras acotaciones a lo declarado por algún político, deportista o actor famoso. Sus textos son, efectivamente, irrelevantes y aburridos, y provocan un distanciamiento de los diarios hacia el público.

Emiliano Ruiz Parra (Ciudad de México, 1982), por el contrario, asumió desde el principio de su trayectoria que el compromiso con la palabra era tan importante como la veracidad periodística, y tomó como bandera la frase de Italo Calvino sobre la literatura, pero la parafraseó para sus propios fines: "su fe en el futuro de los periódicos consiste en saber que hay cosas que sólo el periodismo escrito, con sus medios específicos, puede dar".

Con estudios profesionales de Lengua y Literaturas Hispánicas y un diplomado en Creación Literaria por la Sociedad General de Escritores de México, Emiliano inició su carrera periodística en Reforma en 2004, a los 22 años de edad, en donde se le asignó la cobertura de las instituciones religiosas, una buena ironía de su jefe, Roberto Zamarripa, pues Emiliano era un ateo de tercera generación que hasta entonces se enteró de la existencia de Dios. Su primer golpe periodístico fue la revelación de "limosnas" millonarias que una secta brasileña pedía en la Ciudad de México como "sacrificios" por la fe; el periódico le dio seguimiento e involucró a un grupo de reporteros durante más de 15 días.

Antes de cumplir un año en la fuente religiosa, fue promovido a la cobertura política. Se avecinaban las elecciones de 2006, en las que por primera vez la izquierda disputaba seriamente la presidencia de la República con el ex alcalde capitalino Andrés Manuel López Obrador que aventajaba en las encuestas. Antes de las elecciones, Emiliano había cubierto partidos políticos y la Secretaría de Gobernación –encabezada entonces por un declarado militante católico, Carlos Abascal Carranza.

El 2006 fue un año pródigo en noticias. Se inició con la salida del Subcomandante Marcos de la selva chiapaneca el 1 de enero, cobertura a la que Emiliano fue asignado, y continuó con la campaña presidencial más disputada en la historia del país. Emiliano reportó entonces el recorrido proselitista de López Obrador, a veces con la doble encomienda de escribir la nota seca y la crónica que relatara los detalles, y a veces dedicado exclusivamente a la crónica. La instrucción era contar al lector, de la mejor manera posible, no sólo lo que decía el candidato al micrófono, sino lo que ocurría debajo del templete: quiénes acudían a los mítines y por qué, quiénes rodeaban al personaje, qué representaba para sus seguidores el político de izquierda, y cómo entender ese movimiento que nació –y vio su mejor momento— en 2006.

Luego vino la represión de campesinos en San Salvador Atenco y la rebelión urbana de Oaxaca, que Emiliano cubrió, en parte en esos lugares, pero principalmente a través de las negociaciones que se dieron en la Secretaría de Gobernación. Ese agitado 2006 concluyó con el conflicto poselectoral de López Obrador –que había perdido por medio punto porcentual y alegaba fraude— y una accidentada toma de protesta de Felipe Calderón, en medio de golpes y empujones de legisladores en el pleno de la Cámara de Diputados el 1 de diciembre. La crónica de Emiliano estuvo en la portada del día siguiente.

Y aunque Emiliano atestiguó y contó estos hechos, a su periódico le interesó que continuara con su formación, y lo envió un mes a Cartagena, Colombia, al curso Cómo se escribe un periódico de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), en donde aprendió de Miguel Ángel Bastenier a dejar de "sobreescribir", a presentar al lector la información de la manera más concisa y, sobre todo, a hacer un periodismo que aprovechara los recursos expresivos del español. Bastenier eligió una de sus crónicas, "Yo maté a Marlon Brando", como modelo de reportaje de escenario y la incluyó en su libro Cómo se escribe un periódico (FCE-FNPI, 2009) con las palabras: "Estupendo reportaje de escenario, uno de los mejores jamás leído en clase".

En 2007 y 2008 fue promovido la cobertura de asuntos especiales en la sección Nacional, primero, y luego en el suplemento político dominical Enfoque, en donde se especializó en la elaboración de perfiles y reconstrucciones de largo aliento narrativo. De esa etapa es “Morir por Pemex, tragedia en la Sonda de Campeche”, la reconstrucción del naufragio en embarcaciones de Petróleos Mexicanos que le costó la vida a 22 personas. En 2008 Emiliano decidió hacer una pausa en su trabajo periodístico con el objetivo de obtener su título profesional y vivir un tiempo en Europa. En 2009 el Consejo Británico le otorgó la beca Chevening para estudiar una maestría en ciencias políticas en Londres. Aun cuando eso implicó estar separado por un tiempo de la redacción, para Emiliano se trató de una experiencia acumulativa, que lo convertirá en un reportero más completo cuando se reincorpore activamente.

La historia de Emiliano es la historia de dos enamoramientos: a los 13 años, con la literatura, y a los 22, con el periodismo, y su vocación es poner al servicio de la información todos los recursos de la lengua escrita, retomar la convicción de que el periodismo es un género literario tan fecundo como cualquier otro, y que sólo se distingue de la ficción por el apego puntual a los hechos.